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| Juegos sin instalar: la propuesta de Sony que podría cambiar para siempre cómo jugamos en consola. Foto: Gemini. Fuente: Tecnonauta. |
Las descargas interminables en PlayStation podrían tener los días contados. Sony estudia una propuesta técnica que promete cambiar por completo la forma en la que se instalan y ejecutan los videojuegos en consola: descargar apenas 100 MB para empezar a jugar al instante, mientras el resto del contenido se gestiona dinámicamente desde servidores externos. La idea suena revolucionaria. Y también polémica.
Según el planteamiento, el usuario solo tendría en su consola los elementos esenciales: controles, físicas y lógica básica del juego. El resto de los datos —texturas, mapas, recursos avanzados— se alojarían en la infraestructura de Sony y se irían enviando progresivamente a medida que el jugador avanza. No sería exactamente juego en la nube, ya que el procesamiento principal seguiría realizándose en la consola. Pero tampoco sería una copia completa del videojuego en local.
La propuesta técnica busca eliminar los tiempos de espera que hoy pueden superar fácilmente los 80 o 100 GB por título en PlayStation 5. En lugar de descargar el juego completo, el usuario instalaría un núcleo mínimo —unos 100 MB— que permitiría iniciar la partida de inmediato.
Mientras se juega, el sistema descargaría de forma inteligente los recursos necesarios en segundo plano. Si la conexión fallara momentáneamente, el juego no se detendría: simplemente se reduciría la calidad de las texturas o ciertos elementos visuales durante unos segundos. La prioridad, según esta visión, sería evitar el input lag y mantener la experiencia fluida.
Además, el sistema podría eliminar automáticamente del almacenamiento las zonas ya completadas, optimizando el espacio disponible. Esto abriría la puerta a consolas con menor capacidad interna —y potencialmente más económicas—, así como a una futura consola portátil de Sony capaz de ejecutar títulos exigentes sin necesidad de grandes SSD.
A primera vista, el concepto recuerda a servicios como PlayStation Plus Premium o a plataformas de cloud gaming. Sin embargo, la diferencia clave estaría en el procesamiento. En el modelo planteado, la CPU y la GPU de la consola seguirían ejecutando el juego. No se enviaría un vídeo en streaming como ocurre en el cloud gaming tradicional.
Esto permitiría mantener una latencia mínima, algo crucial en títulos competitivos o de acción rápida. La arquitectura sería híbrida: parte del contenido en local, parte gestionado bajo demanda desde servidores.
No obstante, la dependencia de conexión seguiría siendo un factor determinante. Aunque el juego no se detuviera ante una caída puntual de internet, una desconexión prolongada podría impedir acceder a nuevas zonas o contenidos no descargados.
Más allá de la innovación técnica, la propuesta reabre un debate profundo en la industria: la propiedad digital. Desde la desaparición progresiva de formatos físicos como CD, DVD y Blu-ray, el modelo dominante ha pasado de la posesión al acceso.
Las consolas actuales han reducido o eliminado completamente las unidades lectoras. En algunos casos existen versiones con lector externo; en otros, solo se comercializan modelos digitales. Esto implica que el usuario ya no adquiere una copia física del producto, sino una licencia de uso sujeta a condiciones.
Si una plataforma decide retirar un juego del catálogo, o si el usuario deja de pagar una suscripción, el acceso desaparece. En generaciones anteriores —como PlayStation 2, PlayStation 3 o incluso PlayStation 4— el jugador podía introducir el disco y jugar sin depender de servidores externos una vez instalado.
El nuevo modelo propuesto profundiza aún más en esa transformación. Si el grueso del contenido reside en servidores, ¿qué ocurrirá cuando esos servidores se apaguen dentro de diez o quince años? ¿Qué pasará si una futura consola deja de estar soportada?
Desde el punto de vista industrial, la propuesta tiene sentido. Los videojuegos modernos pueden superar fácilmente los 150 GB. Mantener esa capacidad de almacenamiento encarece el hardware. Si el peso local se reduce, Sony podría lanzar dispositivos más compactos, eficientes y económicos.
También mejoraría la experiencia de usuario inmediata. La tendencia actual apunta a la inmediatez: iniciar una partida sin esperas es un argumento comercial potente, especialmente en un mercado donde la competencia entre ecosistemas es intensa.
Además, la gestión dinámica del almacenamiento permitiría optimizar recursos y reducir la fragmentación de datos. Técnicamente, es una evolución lógica en una era dominada por infraestructuras en la nube y redes de alta velocidad.
Sin embargo, el modelo plantea interrogantes importantes:
En España, donde todavía existe una comunidad activa de coleccionistas y jugadores retro, esta evolución tecnológica podría acelerar el regreso a plataformas clásicas. Consolas antiguas con cartuchos o discos siguen ofreciendo una ventaja clara: el juego es del usuario, funciona sin conexión y no depende de la rentabilidad de un servidor remoto.
Paradójicamente, mientras la industria avanza hacia modelos cada vez más digitales, crece el interés por consolas y juegos clásicos. No solo por nostalgia, sino por la seguridad de posesión. Tener el cartucho o el disco garantiza acceso indefinido, independientemente de decisiones corporativas.
La experiencia va más allá de la resolución 4K o el trazado de rayos. Incluye el ritual de abrir el estuche, leer el manual, colocar el disco. Elementos que forman parte de la cultura del videojuego y que el modelo puramente digital diluye.
El posible sistema de descarga parcial representa un paso más en la transición hacia modelos híbridos y servicios permanentes. Desde el punto de vista técnico, es una solución elegante al problema del almacenamiento y la inmediatez. Desde la perspectiva del usuario clásico, es un nuevo recorte en la idea de propiedad.
La clave estará en el equilibrio. Si las compañías garantizan acceso a largo plazo, compatibilidad futura y políticas claras de preservación, el modelo podría consolidarse sin generar rechazo masivo. Pero si el acceso queda completamente supeditado a servidores activos y modelos de suscripción, la brecha entre jugador tradicional e industria podría ampliarse.
Hoy, con la digitalización prácticamente total del mercado, la decisión de compra debería considerar no solo gráficos y rendimiento, sino también modelo de acceso, dependencia online y derechos de uso. Porque en la nueva era del videojuego, la pregunta ya no es solo qué consola es más potente, sino qué significa realmente “poseer” un juego.
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